4 de junio de 2014

La importancia de los lazos afectivos (por Mónica Groba)

        A lo largo de la vida nos relacionamos con muchas personas. En primer lugar se encuentra la familia o quien esté a cargo de la crianza cuando niños, luego llegarán los compañeros de estudio, de trabajo, de actividades deportivas y de otras a las que nos dediquemosInteractuamos en mayor o menor medida con cada uno, todos nos dejan algo de sí y a su vez les dejamos algo de nosotros en ese ida y vuelta. 

         Entre todos ellos están con quienes construimos lazos profundos, nos sentimos unidos espiritualmente y nos ayudan a exteriorizar lo mejor de nosotros. Pueden acompañarnos o no, el resto de nuestros días, pueden ser familiares, amigos,grandes e inolvidables amores o simplemente personas que aparecen en lo que denominamos el momento justo, devolviéndole magia a nuestros días y ayudando a comprobar que a toda situación o etapa adversa, le puede seguir otra maravillosa. Y ni que decir de aquellos de quienes, por diferentes circunstancias, nos alejamos y con el paso de los años, tenemos la alegría del reencuentro; es más, si el lazo fue importante en su momento, es como si el tiempo no hubiera pasado, comprobamos que el afecto y reconocimiento permanecen intactos.

          Una premisa es poder conservar y resguardar, mas allá de los años que se tengan y de las experiencias que se atraviesen, una capacidad de sentir bella y pura, donde exista entrega, un compartir que represente acompañamiento, apoyo, dejar ser y crecer a las partes, un brindarse que colme de dicha y llene de Luz el alma de los involucrados en cada relación.

         Todo esto que manifiesto, no significa que debamos encontrar el sentido de nuestra existencia en los otros; por el contrario, sabemos que somos seres individuales con nuestras propias inquietudes y experiencias que nos posibilitan aprender y superarnos día a día. Lo que no podemos negar es la importancia que tienen estos lazos, ya que la amistad, el compañerismo y el amor, vividos en plenitud, son ejes fundamentales para nuestra armonía interior. 

         De la misma forma que existen quienes dejan huella en nuestra vida, nosotros podemos hacer lo propio en la vida de otras personas, es tan bueno y necesario que así sea; podemos tener siempre una palabra de aliento, realizar acciones positivas,estar junto al otro para escucharlo o simplemente con un silencio comprensivo y respetuoso. Algo primordial es permitirnos dar y recibir genuinamente, inmersos en esta rueda que gira donde todos interactuamos; y no me refiero sólo en los momentos difíciles, sino también, en los instantes felices, tanto en uno como en otro caso nuestra necesidad primaria radica en tener con quienes compartir.

         Así, como tantas veces sentimos expresar los más bellos sentimientos, otras tantas, nos impedirnos hacerlo. Aveces nos falta coraje y decisión, otras permitimos que se apodere el temor al rechazo o interfieren en nuestra mente malas experiencias pasadas; es así como el tiempo pasa y corremos el riesgo de adormecer las emociones. Considero que todo lo bueno que nace de ellas debe ser vértice fundamental de la vida, y por lo tanto, declarado. A lo largo del camino muchas cosas materiales se pueden tener, muchos logros personales obtener, pero si falta o no se desarrolla la capacidad de amar de nada sirve todo lo demás. Recordando que debe existir primeramente un amor incondicional hacia sí mismo para luego poder brindarlo sanamente al resto.

         Lo que no debería condicionar es el tiempo de vivir cada relación, no siempre son para toda la vida, sin embargo eso no significa que pasen a ser las más importantes,las que nos marquen a fuego y dejen los más dulces de los recuerdos y el agradecimiento de haber tenido el privilegio de vivirlas.

         Al llegar a la adultez, con toda la carga vivida, muchas personas tienden a endurecer su corazón, viven una tras otra relaciones desprovistas de compromiso emocional, tornándose frías, distantes, donde el Ser ya no cuenta. En definitiva, se deja de prestar atención al ser humano como tal. Y así, con tan poco respeto a sí mismo, se quita valor a quien se tiene al lado. El crecer, lejos de provocar que cualquier cosa de igual porque “total ya se es grande”,debería posibilitar ser mejores en todos los aspectos, como demostración máxima de madurez.   


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